lunes, 7 de octubre de 2002

I

Caían ya las primeras sombras y el sol se ocultaba tras la cúpula de San Francisco el Grande, cuando un caballero embozado en una raída capa gris salió del callejón del Codo y acortó a través de la Plaza de la Villa para ganar la Calle Mayor. Llegaba tarde a la cita concertada el día anterior, aunque sabía que los otros le esperarían. Siempre esperaban.

Las cosas andaban mal para los poltrones, y los corchetes de Saldaña no permitían ni un abuso nocturno de más. Es por eso que cada noche la timba se celebraba en un figón distinto. Hoy tocaba en la Cava Alta.

Martín de Azogue, que así se llamaba el caballero, llegó a la Plaza Mayor cuando las campanas de las Agustinas tocaban la hora nona, y bajando por Cuchilleros se encontró con otra figura que encaminaba sus pasos hacia el mismo destino.

- ¡Salud camarada! - exclamó Martín en cuanto llegó a su altura - Veo que las eternas obligaciones de vuestra profesión no os restan tiempo para estar con los vuestros -

- ¡Dejaos de palabrería inútil y guardad saliva para la partida! - replicó el recién abordado. - He de recuperar como sea el anillo del Comendador que tan limpiamente me ganó anoche Maese Vicuña -

- A buen santo os encomendáis, mi buen Boromiro - contesto Martín de Azogue - Habéis de saber que entre él y esa Arbante, me he dejado media soldada.

Giusseppe Boromiro, natural de Nápoles y soldado del Viejo Tercio como tantos otros en aquellos días de decadencia sonrió. Cada uno se ganaba las lentejas como podía y el único vicio que tenían, además del blanco de Valdeiglesias y el tino de Valdemoro eran esas partidas cada noche.

- ¿Por ventura hablabais de mí, caballeros? - la voz salió de entre las penumbras, poco antes de tomar la Cava. - Sabed, amigo Martín que el único que pierde la soldada sois vos mismo, por ser tan
cerrado e inútil en el juego -

Pocas personas podían hablarle así a Martín de Azogue sin recibir a cambio una cuarta de acero de recuerdo entre las costillas. Pocas si, pero entre ellas una, la más magnífica de las guerreras, descendiente misma de las Amazonas que Homero tan bien describiera. Dunia de Arbante, la misma que le salvara el pellejo en Maastrique cuando tantos y tantos cayeron bajo el terrible fuego enemigo sonreía bajo la capucha de su negro ropón.

- ¡Vaya! ¡Sólo nos faltaba que las damas, además de luchar, jugaran! No estaría de más que en vez de hablar tanto, mostrarais más respeto por vuestros mayores y camaradas. - replicó Giusseppe Boromiro.

- Amigos, pronto veremos si la destreza que nos ha predicado la Arbante se confirma hoy, o por el contrario lo de ayer fue producto de la Fortuna. - dijo Martín de Azogue - ¡Ya se oye discutir a nuestro excelso poeta!

- Si, y esta vez creo que no es a causa de Góngora - se río Dunia de Arbante, tras bajar los escalones del figón y empujar a un lado la pesada cortina.

- ¡Vaya! ¡Diana ha bajado del Olimpo y nos premia con su presencia! ¡Ah! ¡Y viene con los caballos de su hermano Ares! Phobos y Deimos, o diga mejor italiano y aragonés. ¡Cabeza de Vaca! ¡Aquí una jarra de vino! ¡No veis que tan excelsos visitantes se mueren de sed! ¡Voto a tal! - exclamo Don Francisco de Quevedo haciendo chasquear la lengua mientras paladeaba el divino licor de Baco.

11 comentarios:

  1. Que me place encontrarme en tales lances camaradas... por cierto, y haciendo bueno el refrán de a la vejez viruelas, decir que hay que editar el primer párrafo, ya que en la época en la que estamos San Francisco ni era grande ni era ná... habré de pensar en que hacer poner el sol.
    Por cierto, este apunte fue de lo primero que me corrigió la dama Lothluin ;P

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  2. Coincido con el orco, que me place hallaros camaradas, y ya que estamos, yo habré de revisar al Olivares en la galera, parece ser que no era tan marino

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  3. de momento no puedo comentar nada, pero cuando lo lea todo, tendreis mis noticias

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  4. tratare de leerlo para poder dar mi comentario

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  5. lo leere en casa. Me encantan los escritos imaginarios. La realidad cruda y dura seria inaguantable.Ramon.

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  6. debe ser entretenido, aunque no he leido apenas nada, se necesita tiempo.

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